La noche del 13 de febrero, pude recordar cuatro de los cinco sueños que vienen a mi cabeza cada noche. Este es el segundo y quedó rumeando en mis pensamientos por dos motivos: porque aparece mi hija y una amiga que conocí en el neuropsiquiátrico y porque otra vez hay una figura de gelatina.
Azul y yo estamos en la habitación en la planta alta de la casa en Devoto. Miramos por la ventana que da a las vías del Urquiza. Estamos apoyadas en el marco verde de la ventana mirando hacia la calle, las vías, los árboles brillantes en la noche, la luna, hablamos casi en susurros, como para no despertarme a mí, que de este otro lado, sueño. Sueño entonces que todo se torna frágil. La pared empieza a aflojarse, como si fuera de gelatina, el cemento se vuelve inestable y los ladrillos caen a nuestro pies haciéndose escombros, como trozos de budín entre mis pies y los suyos. "Corré, hija, correte que se cae todo, andate para atrás".
En medio del desmoronamiento, N.V. me envía un mensaje al celular, quiero atender ya porque tal vez puede ser una emergencia, tal vez N.V. quiere matarse otra vez. Pero no puedo responderle, ahora no entiendo el celular, olvidé cómo se usa, me desespero. N.V. estará esperando un respuesta y esta mierda que no entiendo. Quiero avisarle que me espere, que ya voy para allá.

el miedo siempre se representa en los sueños,miedo a que todo vuelva a ocurrir como en el pasado, que todo se desmorone ...
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