Después de verla, un día de junio del 2009,la soñé. La soñé tejiendo de manera extraña. En esa época sólo quería olvidar, al igual que ayer, al igual que hoy. Así la inventé:
Hace tres semanas que esta araña está así, en esa misma posición, intacta, mimetizándose con las hojas de la hiedra, acumulando moscas en su gran red. Las ha puesto a todas en una fila, prolija, como la muerte, las custodia serena, con las patas estiradas cerca de la hilera de cadáveres. Durante esas tres semanas, ha habido un sol rajante, ha llovido, ha hecho mucho frío. La araña sigue allí.
No sé de dónde viene mi fascinación por las arañas, pero algo enseñan ciertamente al tejer con sutileza una trampa mortal, que es también hogar y cadalso. Ese cruel desdoblamiento de la felicidad. Sin embargo, creo, de todos los mundos posibles en los que creo, que hay una araña que teje su tela a la inversa. Esa es la araña del olvido, que poco a poco, sutil y serena, persevera hasta olvidar lo que alguna vez quiso, fue o tuvo. Sabiamente comienza a tejer en reversa hasta un punto en que ya no hay nada- Un punto de caos necesario para rehacerse o reinventarse.
No hay forma de que el amor no duela. No hay forma de no olvidar un amor. Porque en el ciclo de la vida, lo que ayer fue dolor, es ahora una cicatriz en el centro de la panza.
Soñé que era posible la existencia de una araña que tejiera todo el dolor hacia atrás, hasta ser el punto de la Nada. En cambio, ahora sé que estoy loca, y esa araña soy yo.
(fotografía de la araña en la hiedra tomada en junio del 2009 a pocas cuadras de mi casa)
sábado, 19 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
Ruta de abril
Esta es la vista desde un sueño. Escenario. Son cerca de las nueve y media de la noche. Estoy sentada en el banco de la plaza fumando. No es simplemente fumar, sino que es encender un cigarrillo detrás de otro para tapar con el humo los nervios y la ansiedad. Esto no se lo he dicho a nadie, salvo al hombre del ojo de pez: el amor en bicicleta te lleva cuesta arriba y cuesta abajo, el viento siempre da en la cara, aunque sople de atrás.
Las veces que te fuiste, volví siempre a este banco. El banco verde de la plaza. Desde donde se ve, decapitada por las ramas una estatua. Se ve el mástil a la izquierda. Se ve el arenero en frente, lejos, pero se ven las rejas que lo encierran.
El día antes de irme a La Lucila, volvía yo de una fiesta. Era de noche y bajé dos paradas antes sólo para sentarme una vez más en el banco. Y tomé esta foto. Me la llevé a La Lucila y la miraba cada tanto, mientras esperaba, tomando mate con la puta yerba, que las horas pasaran, o inventando algo apropiado para decirte a mi regreso.
"No sé dónde estás, pero estás mirando este mismo cielo, esta misma luna. Salvo que yo la veo con mis ojos, y vos la ves con los tuyos."
Pienso que una foto queda guardada como un sueño. Estuve sentada largo rato y sentí la noche terminar mil veces, y volver a empezar siete veces más. En medio de todo el tiempo, nos pasaba la misma luna, Pessoa, la puta yerba, la piel norena, el hombre del ojo de pez, los cigarrillos. Pasaba lo mismo de este lado que del tuyo, salvo que acá pasaba con mi ojos y allá pasaba con los tuyos.
Esta foto es un sueño. Llegás en bicicleta con la campera celente, los pantalones oscuros, yo espero sentada en el banco, nos vemos, nos abrazamos. Después la foto enloqueció y soñé lo más triste, lo más triste...
Cuando desperté, el hombre del ojo de pez seguía al acecho. Soñé desde entonces que sacaba la foto una y otra vez. Saqué la foto del sueño y la miro cada vez que necesito soñar con esta foto.
jueves, 10 de marzo de 2011
¿Te has visto dormir?
Desarme. Cuando el cuerpo se entrega al sueño, algo se desarma, se abre en dos partes y el puente entre el sueño y el despertar es un matemático lapso de tiempo.
¿Cómo algo tan simple como quedarse dormido tiene el aspecto de la muerte? ¿Cómo algo tan simple como morir no tiene despertar? La muerte y el sueño comparten el mismo proceso.
Me gusta ver a las personas cuando duermen, sus caras expandidas y relajadas contra la almohada. Los más hermosos son los niños. “¿Qué soñaste anoche, Azul?”, y ella cuenta que un oso juega en el arenero y que su amiga corre alrededor. Mi hija sueña con osos. Yo me río porque me parece muy tierno. Pero pienso que dormir y estar muerto tienen la misma cara expandida y relajada contra la almohada. Y que hay también un desarme.
El sueño es Espacio y Tiempo. La muerte es Espacio contra Tiempo. Recordar los sueños es como tener por un rato la realidad desarmada entre las manos. Me inquieta saber que durante el día eso se pierde, se recompone y nos queda el recuerdo de una realidad que no es real. La locura es el puente entre dormir y despertar. Somos acaso más allá de cuerpos. Materia que ha soñado, materia que ha pastado del campo de un orden que no existe sino en lo que cada uno cree como real. Si la vida es sueño, la realidad percibida dentro de ese sueño, transita constantemente el puente: la locura.
Un cerebro flotando en el agua sueña que el agua es Tiempo en el Espacio y que el espacio que ocupa el agua, depende de cuánto tiempo pasará entre el sueño, la realidad, la locura y el despertar, o la muerte. En el momento de la muerte se olvidan los sueños. Olvidar es morir.
¿Qué soñaste anoche, Agustina? Que mi madre me apuntaba con un rifle y apretaba el gatillo. Pero no quedé atrapada en el sueño, así que no morí. No olvido ese sueño que tuve hace hace cinco años. Pero sí me olvidé de mí mientras lo soñaba, entonces morí por un tiempo, en un espacio con Tiempo.
El cerebro domina como el verbo. Acostarse, dormirse, cruzar el puente, volverse loco, despertar. No somos nosotros sino la realidad que hay dentro del espacio que ocupa un cerebro.
Me gusta mirar a las personas cuando duermen. He visto dormir a los locos. Cruzan el puente, pero quedan a mitad de camino. No llegan a desarmarse por completo. Los he visto en sus camas blancas. Les chorrea la muerte por los oídos, la nariz, y la boca. Respiran lento, sin Espacio ni Tiempo, y huelen al jugo de una ampolla en el dedo del pie... He visto morir a un loco mientras dormía. A mitad de camino, en el puente, confunden la locura con la realidad de despertar. Soñar y morir son cuestiones que atañen al Tiempo y al Espacio. La locura y realidad, son la misma cosa.
¿Cómo algo tan simple como quedarse dormido tiene el aspecto de la muerte? ¿Cómo algo tan simple como morir no tiene despertar? La muerte y el sueño comparten el mismo proceso.
Me gusta ver a las personas cuando duermen, sus caras expandidas y relajadas contra la almohada. Los más hermosos son los niños. “¿Qué soñaste anoche, Azul?”, y ella cuenta que un oso juega en el arenero y que su amiga corre alrededor. Mi hija sueña con osos. Yo me río porque me parece muy tierno. Pero pienso que dormir y estar muerto tienen la misma cara expandida y relajada contra la almohada. Y que hay también un desarme.
El sueño es Espacio y Tiempo. La muerte es Espacio contra Tiempo. Recordar los sueños es como tener por un rato la realidad desarmada entre las manos. Me inquieta saber que durante el día eso se pierde, se recompone y nos queda el recuerdo de una realidad que no es real. La locura es el puente entre dormir y despertar. Somos acaso más allá de cuerpos. Materia que ha soñado, materia que ha pastado del campo de un orden que no existe sino en lo que cada uno cree como real. Si la vida es sueño, la realidad percibida dentro de ese sueño, transita constantemente el puente: la locura.
Un cerebro flotando en el agua sueña que el agua es Tiempo en el Espacio y que el espacio que ocupa el agua, depende de cuánto tiempo pasará entre el sueño, la realidad, la locura y el despertar, o la muerte. En el momento de la muerte se olvidan los sueños. Olvidar es morir.
¿Qué soñaste anoche, Agustina? Que mi madre me apuntaba con un rifle y apretaba el gatillo. Pero no quedé atrapada en el sueño, así que no morí. No olvido ese sueño que tuve hace hace cinco años. Pero sí me olvidé de mí mientras lo soñaba, entonces morí por un tiempo, en un espacio con Tiempo.
El cerebro domina como el verbo. Acostarse, dormirse, cruzar el puente, volverse loco, despertar. No somos nosotros sino la realidad que hay dentro del espacio que ocupa un cerebro.
Me gusta mirar a las personas cuando duermen. He visto dormir a los locos. Cruzan el puente, pero quedan a mitad de camino. No llegan a desarmarse por completo. Los he visto en sus camas blancas. Les chorrea la muerte por los oídos, la nariz, y la boca. Respiran lento, sin Espacio ni Tiempo, y huelen al jugo de una ampolla en el dedo del pie... He visto morir a un loco mientras dormía. A mitad de camino, en el puente, confunden la locura con la realidad de despertar. Soñar y morir son cuestiones que atañen al Tiempo y al Espacio. La locura y realidad, son la misma cosa.
sábado, 5 de marzo de 2011
Oniricón
El punto en común en todos mis sueños son las perseciones, huídas, escapes, corro, corro mucho, busco algo, busco por buscar, busco lo que no sé, pero sobre todo busco encontrarme con mi propia cara, busco toparme con un espejo y verme, pero los espejos en los sueños son ciegos.
La ruta se bifurca en varias carreteras más pequeñas, y cuando voy por la principal, un impulso involuntario me lleva a tomar otro camino. La realidad no es que vivo sino lo que dejo que viva en mí. Tal vez sea cierto que estoy loca, que la falla química haya afectado mi cerebro en estos treinta y tres años, pero no quiero verlo. El espejo debe seguir siendo ciego.
Entonces iba yo por una ruta plácida y de un momento a otro aparecí en una costa de playas amplias. El mar estaba muy lejos.
Ahora veo tres o cuatro sombrillas grises, la arena está oscura y el cielo se ha hecho de plomo. La densidad del aire de mar. El viento levanta la arena y hace que las sombrillas se inclinen hace la izquierda. No hay gente. Estoy viendo esto desde un escenario y tengo a mis costados telones de teriopelo rojo. Se avecina la tormenta. La tormenta en la playa. Pareciera que todo va a desaparecer, que habrá un fin. Levanto los brazos y grito "SATANAS", y sobre el escenacio hay un hombre tirado, un hombre con cuerpo de niño. Me inclino sobre el cuerpo sujetando la materia con mis piernas y mis brazos. Siento su miedo, su resignación ante mis actos inadecuados. Es un niño, forcejeo con él y lo violo. De pronto, estoy arriba de un hombre. Trata de zafarse pero soy más fuerte. Yo genero su miedo y mi sonrisa es lasciva. Algo involuntario hace que me despierte.
No sé si era un hombre o si era un niño. Es de madrugada. Enciendo un pucho y me quedo mirando el techo... entre el humo que sube en espiral, me pregunto si era un hombre o era un niño.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Onírica del 13 de febrero
Hace unas noches que no puedo recordar sueños, acaso por el brusco despertar en las mañanas, el acostarme tarde en las noches, lo precipitado que se ha tornado todo estas últimas semanas. Por algún tiempo creí que los sueños nos determinaban o presagiaban cosas, o eran impulsadores para reflexionar. Ahora que sé que los sueños pueden ser interpretados por otras personas, ha perdido sentido, tal vez, un poco, arrancar algo útil de mi oniria. Otros. Nosotros mismos no somos suficientes para nuestra propia interpretación.
Hay un carnaval en las calles y observo cómo preparan una murga. Estoy parada con las manos al costado del cuerpo, me siento como sapo de otro pozo, esperando que me digan qué hacer. El carnaval se prepara en la Plaza Arenales y hay gente llevando cajas de todos los tamaños, maderas de todos los anchos, telas de colores; hay para mi gusto, un movimiento de demasiadas cosas. Todos traen materiales desde la casa de mamá hasta la plaza. Vos estás en el corso. Azul está disfrazada. Hay clima de fiesta, música muy alegre. De pronto, alguien me da una pandereta electrónica, pero no sé tocarla, es más, jamás he visto una pandereta electrónica, y la tengo en las manos y la miro, y los miro pensando qué hago, cómo se toca, pero me responden con sonrisas y estirando el mentón, así, dale, dale, tocá, pero es una pandereta electrónica, y todos esperan que haga algo. No sé las canciones. No sé cómo llegué hasta ahí, pero estoy parada en el escenario tratando de entender ¿qué es una pandereta electrónica?
Una semana después de este sueño, estábamos con Azul en el carnaval, y vos en la murga.
viernes, 18 de febrero de 2011
Onírica del 13 de febrero
La noche del 13 de febrero, pude recordar cuatro de los cinco sueños que vienen a mi cabeza cada noche. Este es el segundo y quedó rumeando en mis pensamientos por dos motivos: porque aparece mi hija y una amiga que conocí en el neuropsiquiátrico y porque otra vez hay una figura de gelatina.
Azul y yo estamos en la habitación en la planta alta de la casa en Devoto. Miramos por la ventana que da a las vías del Urquiza. Estamos apoyadas en el marco verde de la ventana mirando hacia la calle, las vías, los árboles brillantes en la noche, la luna, hablamos casi en susurros, como para no despertarme a mí, que de este otro lado, sueño. Sueño entonces que todo se torna frágil. La pared empieza a aflojarse, como si fuera de gelatina, el cemento se vuelve inestable y los ladrillos caen a nuestro pies haciéndose escombros, como trozos de budín entre mis pies y los suyos. "Corré, hija, correte que se cae todo, andate para atrás".
En medio del desmoronamiento, N.V. me envía un mensaje al celular, quiero atender ya porque tal vez puede ser una emergencia, tal vez N.V. quiere matarse otra vez. Pero no puedo responderle, ahora no entiendo el celular, olvidé cómo se usa, me desespero. N.V. estará esperando un respuesta y esta mierda que no entiendo. Quiero avisarle que me espere, que ya voy para allá.
Azul y yo estamos en la habitación en la planta alta de la casa en Devoto. Miramos por la ventana que da a las vías del Urquiza. Estamos apoyadas en el marco verde de la ventana mirando hacia la calle, las vías, los árboles brillantes en la noche, la luna, hablamos casi en susurros, como para no despertarme a mí, que de este otro lado, sueño. Sueño entonces que todo se torna frágil. La pared empieza a aflojarse, como si fuera de gelatina, el cemento se vuelve inestable y los ladrillos caen a nuestro pies haciéndose escombros, como trozos de budín entre mis pies y los suyos. "Corré, hija, correte que se cae todo, andate para atrás".
En medio del desmoronamiento, N.V. me envía un mensaje al celular, quiero atender ya porque tal vez puede ser una emergencia, tal vez N.V. quiere matarse otra vez. Pero no puedo responderle, ahora no entiendo el celular, olvidé cómo se usa, me desespero. N.V. estará esperando un respuesta y esta mierda que no entiendo. Quiero avisarle que me espere, que ya voy para allá.
domingo, 13 de febrero de 2011
Onírica del 28 de enero
Hay una fiesta. Hay gente por todos lados. La mesa está tendida, son mesas chicas pero puestas en fila una y una y una más, hay casi ocho, cuento ocho, pusieron esos manteles de plásticos con flores, estilo italiano inmigrante, mala estética, hay botellas, vasos, platos, cubiertos. Ya hemos comido y es una sobremesa bulliciosa, han corrido las sillas de madera, ahora todo está alborotado, no se distingue quién es quién. Estoy con mis padres y mi hermano. Llevo un vestido largo y soy más alta que todos los que están allí, llevo el pelo suelto, muy largo. Estoy muy preocupada, tensa, angustiada. De pronto, alguien grita. Me sube la fiebre y mis padres me sacan de allí para que no vea. Tengo que irme más allá de la fiebre, tengo que ir a trabajar y no quiero llegar tarde. No quieren que vea lo que está pasando, y yo me agacho, meto mi cuerpo abajo de una de las mesas y una rata está devorándose a mi feto, tal cual lo vi, color cemento, con sus bracitos y sus puernitas formadas, incluso los ojos, negros, como el vacío, y quiero arrancárselo a la rata, pero mi hermano me tironea del vestido y logra sacarme, mi fiebre sube, todo me da vueltas. Estoy llorando y la rata ya tiene mi feto en su estómago. Pero tengo que ir a trabajar. Mi hermano me pide cosas, cosas que no tengo, no tengo nada. Me saca a la calle y me dice que corra a la estación porque voy a perder el tren. Ya llego tarde, muy tarde para todo. Se desata un diluvio espantoso y llevo bajo el brazo libros y papales.
Llego. Todo llega mojado. Yo estoy empapada viendo los libros y papeles arruinados. Nada sirve. Y llegué demasiado tarde.
Llego. Todo llega mojado. Yo estoy empapada viendo los libros y papeles arruinados. Nada sirve. Y llegué demasiado tarde.
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