sábado, 19 de marzo de 2011

Oniria *Araña del Olvido*

Después de verla, un día de junio del 2009,la soñé. La soñé tejiendo de manera extraña. En esa época sólo quería olvidar, al igual que ayer, al igual que hoy. Así la inventé:


Hace tres semanas que esta araña está así, en esa misma posición, intacta, mimetizándose con las hojas de la hiedra, acumulando moscas en su gran red. Las ha puesto a todas en una fila, prolija, como la muerte, las custodia serena, con las patas estiradas cerca de la hilera de cadáveres. Durante esas tres semanas, ha habido un sol rajante, ha llovido, ha hecho mucho frío. La araña sigue allí.

No sé de dónde viene mi fascinación por las arañas, pero algo enseñan ciertamente al tejer con sutileza una trampa mortal, que es también hogar y cadalso. Ese cruel desdoblamiento de la felicidad. Sin embargo, creo, de todos los mundos posibles en los que creo, que hay una araña que teje su tela a la inversa. Esa es la araña del olvido, que poco a poco, sutil y serena, persevera hasta olvidar lo que alguna vez quiso, fue o tuvo. Sabiamente comienza a tejer en reversa hasta un punto en que ya no hay nada- Un punto de caos necesario para rehacerse o reinventarse.

No hay forma de que el amor no duela. No hay forma de no olvidar un amor. Porque en el ciclo de la vida, lo que ayer fue dolor, es ahora una cicatriz en el centro de la panza.

Soñé que era posible la existencia de una araña que tejiera todo el dolor hacia atrás, hasta ser el punto de la Nada. En cambio, ahora sé que estoy loca, y esa araña soy yo.








(fotografía de la araña en la hiedra tomada en junio del 2009 a pocas cuadras de mi casa)

miércoles, 16 de marzo de 2011

Ruta de abril

Esta es la vista desde un sueño. Escenario. Son cerca de las nueve y media de la noche. Estoy sentada en el banco de la plaza fumando. No es simplemente fumar, sino que es encender un cigarrillo detrás de otro para tapar con el humo los nervios y la ansiedad. Esto no se lo he dicho a nadie, salvo al hombre del ojo de pez: el amor en bicicleta te lleva cuesta arriba y cuesta abajo, el viento siempre da en la cara, aunque sople de atrás.

Las veces que te fuiste, volví siempre a este banco. El banco verde de la plaza. Desde donde se ve, decapitada por las ramas una estatua. Se ve el mástil a la izquierda. Se ve el arenero en frente, lejos, pero se ven las rejas que lo encierran.

El día antes de irme a La Lucila, volvía yo de una fiesta. Era de noche y bajé dos paradas antes sólo para sentarme una vez más en el banco. Y tomé esta foto. Me la llevé a La Lucila y la miraba cada tanto, mientras esperaba, tomando mate con la puta yerba, que las horas pasaran, o inventando algo apropiado para decirte a mi regreso.

"No sé dónde estás, pero estás mirando este mismo cielo, esta misma luna. Salvo que yo la veo con mis ojos, y vos la ves con los tuyos."

Pienso que una foto queda guardada como un sueño. Estuve sentada largo rato y sentí la noche terminar mil veces, y volver a empezar siete veces más. En medio de todo el tiempo, nos pasaba la misma luna, Pessoa, la puta yerba, la piel norena, el hombre del ojo de pez, los cigarrillos. Pasaba lo mismo de este lado que del tuyo, salvo que acá pasaba con mi ojos y allá pasaba con los tuyos.

Esta foto es un sueño. Llegás en bicicleta con la campera celente, los pantalones oscuros, yo espero sentada en el banco, nos vemos, nos abrazamos. Después la foto enloqueció y soñé lo más triste, lo más triste...

Cuando desperté, el hombre del ojo de pez seguía al acecho. Soñé desde entonces que sacaba la foto una y otra vez. Saqué la foto del sueño y la miro cada vez que necesito soñar con esta foto.



jueves, 10 de marzo de 2011

¿Te has visto dormir?

Desarme. Cuando el cuerpo se entrega al sueño, algo se desarma, se abre en dos partes y el puente entre el sueño y el despertar es un matemático lapso de tiempo.

¿Cómo algo tan simple como quedarse dormido tiene el aspecto de la muerte? ¿Cómo algo tan simple como morir no tiene despertar? La muerte y el sueño comparten el mismo proceso.

Me gusta ver a las personas cuando duermen, sus caras expandidas y relajadas contra la almohada. Los más hermosos son los niños. “¿Qué soñaste anoche, Azul?”, y ella cuenta que un oso juega en el arenero y que su amiga corre alrededor. Mi hija sueña con osos. Yo me río porque me parece muy tierno. Pero pienso que dormir y estar muerto tienen la misma cara expandida y relajada contra la almohada. Y que hay también un desarme.

El sueño es Espacio y Tiempo. La muerte es Espacio contra Tiempo. Recordar los sueños es como tener por un rato la realidad desarmada entre las manos. Me inquieta saber que durante el día eso se pierde, se recompone y nos queda el recuerdo de una realidad que no es real. La locura es el puente entre dormir y despertar. Somos acaso más allá de cuerpos. Materia que ha soñado, materia que ha pastado del campo de un orden que no existe sino en lo que cada uno cree como real. Si la vida es sueño, la realidad percibida dentro de ese sueño, transita constantemente el puente: la locura.

Un cerebro flotando en el agua sueña que el agua es Tiempo en el Espacio y que el espacio que ocupa el agua, depende de cuánto tiempo pasará entre el sueño, la realidad, la locura y el despertar, o la muerte. En el momento de la muerte se olvidan los sueños. Olvidar es morir.

¿Qué soñaste anoche, Agustina? Que mi madre me apuntaba con un rifle y apretaba el gatillo. Pero no quedé atrapada en el sueño, así que no morí. No olvido ese sueño que tuve hace hace cinco años. Pero sí me olvidé de mí mientras lo soñaba, entonces morí por un tiempo, en un espacio con Tiempo.

El cerebro domina como el verbo. Acostarse, dormirse, cruzar el puente, volverse loco, despertar. No somos nosotros sino la realidad que hay dentro del espacio que ocupa un cerebro.

Me gusta mirar a las personas cuando duermen. He visto dormir a los locos. Cruzan el puente, pero quedan a mitad de camino. No llegan a desarmarse por completo. Los he visto en sus camas blancas. Les chorrea la muerte por los oídos, la nariz, y la boca. Respiran lento, sin Espacio ni Tiempo, y huelen al jugo de una ampolla en el dedo del pie... He visto morir a un loco mientras dormía. A mitad de camino, en el puente, confunden la locura con la realidad de despertar. Soñar y morir son cuestiones que atañen al Tiempo y al Espacio. La locura y realidad, son la misma cosa.

sábado, 5 de marzo de 2011

Oniricón

El punto en común en todos mis sueños son las perseciones, huídas, escapes, corro, corro mucho, busco algo, busco por buscar, busco lo que no sé, pero sobre todo busco encontrarme con mi propia cara, busco toparme con un espejo y verme, pero los espejos en los sueños son ciegos.
 La ruta se bifurca en varias carreteras más pequeñas, y cuando voy por la principal, un impulso involuntario me lleva a tomar otro camino. La realidad no es que vivo sino lo que dejo que viva en mí. Tal vez sea cierto que estoy loca, que la falla química haya afectado mi cerebro en estos treinta y tres años, pero no quiero verlo. El espejo debe seguir siendo ciego.
Entonces iba yo por una ruta plácida y de un momento a otro aparecí en una costa de playas amplias. El mar estaba muy lejos.
Ahora veo tres o cuatro sombrillas grises, la arena está oscura y el cielo se ha hecho de plomo. La densidad del aire de mar. El viento levanta la arena y hace que las sombrillas se inclinen hace la izquierda. No hay gente. Estoy viendo esto desde un escenario y tengo a mis costados telones de teriopelo rojo. Se avecina la tormenta. La tormenta en la playa. Pareciera que todo va a desaparecer, que habrá un fin. Levanto los brazos y grito "SATANAS", y sobre el escenacio hay un hombre tirado, un hombre con cuerpo de niño. Me inclino sobre el cuerpo sujetando la materia con mis piernas y mis brazos. Siento su miedo, su resignación ante mis actos inadecuados. Es un niño, forcejeo con él  y lo violo. De pronto, estoy arriba de un hombre. Trata de zafarse pero soy más fuerte. Yo genero su miedo y mi sonrisa es lasciva. Algo involuntario hace que me despierte.
No sé si era un hombre o si era un niño. Es de madrugada. Enciendo un pucho y me quedo mirando el techo... entre el humo que sube en espiral, me pregunto si era un hombre o era un niño.